El Cairo, entramos en el establecimiento de Gamal Abdul, en su "palacio de perfumes" y lo primero que nos invade es una mezcla de aromas, muy agradables y que impregnan la estancia de una energía sutil, ligera, que nos alivia las tensiones y nos serenan el alma.
Gamal, un hombre grande, moreno, con una chilaba, sandalias de cuero, manos grandes, bigote y unos ojos extraordinariamente abiertos, expresivos y llenos de luminosidad, realmente la luminosidad le acompaña a lo largo de su gran cuerpo.
Si existieran los atlantes, estoy convencida que tendrían esa presencia.
Gamal acoge, abraza, acompaña, es el alma de Gamal la que te recibe, la que te “reconoce”, la que te habla, su alma es clara, directa y limpia, él dice que la verdad duele, aunque la que él te transmite va colmada de bálsamo, de forma que ciertamente, te dice tu verdad, pero al hacerlo desde su alma va directa a la tuya y esa verdad llega con la aceptación y el entendimiento que sólo entre almas se puede concebir.
¿Qué hace falta para estar preparado y aceptar escuchar la verdad?
G. A.: Hace falta ser consciente de todo, es el gran movimiento que hay ahora en el mundo para entender que tenemos derecho a vivir. Si hay gente que no entiende la vida del alma, al menos debe entender la vida del corazón, aceptar a sus semejantes tal y como son, somos todos iguales, somos todos humanos, procedemos del mismo origen, procedemos del mismo Dios, respiramos el mismo aire, compartimos el mismo Sol y la misma Luna, podemos verla desde distintos lugares, pero es la misma, tenemos los mismos derechos.
¿Qué diferencia existe entre la verdad y la realidad?
G. A.: ¿La verdad? Cada uno tiene su verdad, depende de su punto de vista, la realidad es la que vivimos todos, la que compartimos y no depende del punto de vista personal.