Debo decir que, a lo largo de los años, me he topado con algunas de esas almas febriles que querían quemar desconsideradamente las etapas de su maduración.
Por sus excesos, algunas de ellas vivían en un cuerpo cuyo metabolismo estaba perturbado mientras que su mundo interior no estaba hecho más que de delirios místicos.
Desde luego son casos extremos… pero me parece importante mencionarlos para insistir una vez más sobre la importancia del respeto a la obra del tiempo en todo proceso de transformación.
Este respeto garantiza la armonía que debe acompañar a un proceso verdaderamente espiritual.
Digo verdaderamente porque algunos procesos que se pretenden espirituales son, en definitiva y ante todo, una búsqueda de poder o de capacidades psíquicas.
Digo verdaderamente porque algunos procesos que se pretenden espirituales son, en definitiva y ante todo, una búsqueda de poder o de capacidades psíquicas.
Evidentemente, en estos casos es siempre la personalidad encarnada, las capas bajas del ego, las que actúan escondiéndose detrás de la máscara de la pureza.


























