25 de enero de 2012

CIUDADES "SLOW". RECUPERANDO LO AUTÉNTICO.

Ciudades Slow.

Más de cien poblaciones de todo el mundo, entre ellas seis españolas, han elegido un modo de vida tranquilo,sano y ecológico.
Ciudades sin estrés, donde el tiempo fluye sin agobios y la calidad de vida de sus habitantes, el medio ambiente, la cultura y la gastronomía local, son la única prioridad.
Más de cien ciudades de todo el mundo, reúnen estos requisitos y, por ello, forman parte de la red de "Ciudades Slow".
La iniciativa, surgida en Italia en 1999, sigue los pasos del movimiento "Slow Food" y cuenta con una organización que distingue a las ciudades asociadas, con un certificado de calidad.

¿Qué son las ciudades slow?
El surgimiento de las "Ciudades Slow" comienza en Italia, de ahí que también se conozca en el ámbito internacional como "Cittaslow". El alcalde de una pequeña localidad toscana de Chianti, Paolo Saturnini, pensó que podía trasladar a escala urbana, el modo de vida de la "SlowFood", creada por su compatriota, el sociólogo y crítico gastronómico Carlo Petrini.
De esta manera, si la comida lenta defiende unos ritmos más pausados y el disfrute de cada plato como prioridad, las ciudades lentas ofrecen a sus habitantes mejorar su calidad de vida a través de la tranquilidad, los espacios verdes, la ecología y el binestar.
Desde entonces, el movimiento ha incorporado a más de un centenar de ciudades y comarcas de todo el mundo. Italia, como país de origen de la organización, tiene el mayor número de ciudades asociadas: 69. Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica, Corea del Sur o Australia también albergan ciudades que integran el movimiento.
Los principales países europeos cuentan con varias ciudades slow. Alemania 10, Reino Unido 8, Polonia y España, ambas con 6, encabezan la lista de mayor número de socios. Begur y Pals (ambas en Girona), Bigastro (Alicante), Lekeitio y Mungia (ambas en Bizkaia) y Rubielos de Mora (Teruel) forman parte de las Cittaslow.
Ciudades lentas, ciudades verdes.
Los responsables institucionales de cada ciudad, deben mantener una arquitectura respetuosa con el entorno y beneficiosa para sus habitantes. Los centros urbanos están cerrados al tráfico rodado, se potencia el uso de las energías renovables y se aprueban, entre todos, leyes y normas coherentes con la naturaleza.
Los espacios histórico-culturales y las zonas verdes se deben priorizar y conservar en perfecto estado.
Estas ciudades deben potenciar sistemas de reciclaje que sean un referente ecológico para el resto.
El crecimiento de la ciudad se debe guiar por la mejora del territorio y de sus habitantes, y no por la construcción urbanística insostenible del negocio inmobiliario.
La alimentación debe basarse en el Slow Food y, en general, en los productos locales, ecológicos y de temporada.
Las nuevas tecnologías y los avances científicos que fomenten la ecología y la sostenibilidad deben incorporarse a estas ciudades.
Criterios para ser una ciudad slow.
  • La aplicación de una política medioambiental basada en promocionar técnicas de recuperación y reciclaje de los residuos.
  • La política urbanística ha de servir para mejorar el territorio, no para ocuparlo.
  • El uso de los avances tecnológicos para la mejora de la calidad del medioambiente y núcleos urbanos.
  • La promoción de la producción y uso de productos alimentarios obtenidos mediante técnicas naturales y  compatibles con el medioambiente, sin incluir los productos transgénicos e implantando, si procede, servicios propios de defensa y desarrollo de producciones autóctonas.
  • La potenciación de las producciones autóctonas vinculadas al territorio: se mantienen las tradiciones más ancestrales y se promociona la relación entre los consumidores y productores de calidad.
  • La potenciación de la hospitalidad y convivencia entre los habitantes y turistas.
  • La concienciación tanto de los habitantes como de turístas, sobre lo que significa el hecho de vivir en una ciudad slow.
  • La población de las ciudades de la red no puede ser superior a 50.000 habitantes.
 No obstante, algunas personas creen que los principios del movimiento Slow deberían integrarse en todas las ciudades, sin importar lo grande o pequeña que pueda ser.
Es el caso de Slow London, cuyos impulsores ofrecen a los habitantes de la "city" diversas actividades y consejos para un modo de vida más relajado y ecológico.
Los responsables de la organización han aumentado las categorías de socios. El objetivo es dar cabida a ciudades que no cumplan todos los requisitos, pero quieran asumir los valores slow.
Rev. Consumer.

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