26 de agosto de 2014

EL CHAMÁN QUE VINO DEL GRAN HIELO. ANGAANGAQ. PARTE II



Parte II
Usted dice que la naturaleza es una iglesia. ¿Qué relación mantienen los esquimales con la naturaleza?
Nuestra tierra esquimal es de 16 millones de km2, así que nuestra relación es muy distinta a la vuestra. 
En un país tan pequeño como España, con 45 millones de habitantes, no puedes estar nunca solo. 
Cuando vas a los Pirineos, todo está lleno de gente.
La capital de Groenlandia, Nuuk, tiene 167.000 habitantes, y para nosotros es una grandísima ciudad, pero vas a la montaña, y estás solo, no hay nadie, puedes viajar solo durante casi mil kilómetros. 
La relación de los europeos con la madre naturaleza y su comprensión es muy limitada. 
Cuando se tratan las cuestiones de la naturaleza, si no se comprenden bien, los humanos creamos desequilibrios, lo hemos hecho en todas partes. 
Pero nuestra responsabilidad es ser los cuidadores y custodios de la madre naturaleza.

Sus ritos quizás nos ayuden a comprender la grandeza de su mundo helado y luchar por conservarlo. ¿Cuál es la ceremonia esquimal más importante?
Los esquimales tienen una profecía sobre el deshielo, ¿qué dice esa profecía?

Dicen los más ancianos que, hace mucho tiempo, había muchos árboles en nuestra tierra esquimal.
Entonces llegó el frío y, con él, el Gran Hielo. 
Se apoderó del Gran Norte, en Europa, América, Siberia. 
Después, el Gran Hielo retrocedió. 
En las tierras esquimales, los árboles crecían muy pequeños e inclinados y necesitaban más de 10 grados durante más de diez días antes de poder erguirse, pero ahora miden más de tres metros. Cuando yo nací, los árboles eran pequeños, yo parecía muy alto. 
Dice la profecía que, cuando los árboles crezcan altos en la tierra esquimal, será entonces cuando el mundo más nos necesite.
[Angaangaq me enseña su tambor de chamán] ¿Quieres oírlo?
Este tambor se llama qilaut [lo coge y lo hace sonar].
Cuando lo toco, algunos hombres caen al suelo.
Es el instrumento del Gran Hombre.
Es un fuerte latido que puedes sentir, un latido como el del corazón, porque cada vez que tú hablas con tu corazón, siempre va a contestarte.
Esta entrevista acaba cuando Angaangaq me invita a oír su qilaut. Se levanta y me muestra su ceremonia chamánica, la que usa cuando una persona se siente enferma y acude a él.
Nos colocamos enfrente el uno del otro con los ojos cerrados y Angaangaq comienza a moverse a mi alrededor haciendo sonar su tambor.
Alza su voz con un cántico sin letra potente y penetrante. La voz vibra en la piel del tambor y noto cómo todo el cuerpo tiembla.
Se me instala una amplia sonrisa al mismo tiempo que me caen las lágrimas.
Es un momento mágico. Ahora ya sé cómo derrite el hielo de los corazones este chaman venido del frío.
Montse Cano.

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