16 de octubre de 2012

DIME LO QUE COMES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES.


Las familias presidenciales de diferentes países, demandan alimentos orgánicos en sus cocinas, especificando que sólo se alimentarán de productos ecológicos, sin embargo,  negocian con las empresas de biotecnología, se lucran de ello y siguen otorgándole poder a las empresas productoras de tóxicos.
Por ejemplo, la familia del presidente de China, se alimenta de lo que produce un exclusivo jardín orgánico, mientras que el resto de la población consume alimentos transgénicos, como la carne, pollo y los productos lácteos contaminados con esteroides mezclados con melamina.
Ya en el colmo del disparate, tanto el presidente como los principales ejecutivos de Monsanto, exigen para su dieta, alimentos que no estén genéticamente modificados. El derecho a alimentarse, alimentarse sanamente, ya no es un derecho básico, se ha convertido en un campo de batalla política, una lucha por el poder.
Mientras que la primera dama de Estados Unidos, ocupa parte de los terrenos de la Casa Blanca para tener un jardín orgánico, su marido promueve una agenda de OGM dentro de su administración.
“Sabes, en mi casa, en el último año hemos pasado a consumir sólo orgánico”, dijo en una entrevista,  durante la campaña presidencial de su marido.
Echemos un vistazo a los ejecutivos nombrados por Obama en algunos puestos importantes: Roger Beachy, un ex director de Monsanto; Michael Taylor, ex vicepresidente de política pública en Monsanto; Tom Vilsack, creó la Asociación de Gobernadores para la Biotecnología.
Además, desde que es presidente,  10 nuevos cultivos transgénicos han sido aprobados para el “consumo seguro".
Si son tan seguros, ¿Por qué no empieza por comerlos él y su familia?
Otro ejemplo:
Los altos cargos en China, gozan de la máxima seguridad en sus alimentos: sólo productos orgánicos, ganado alimentado con pastos de Mongolia, arroz libre de pesticidas, de productos químicos o de organismos genéticamente modificados.
¿Es igual a lo que consume el resto de la población?
En Beijing, disponen de una granja orgánica, sólo para consumo presidencial, que se encuentra rodeada por una cerca de dos metros de alto, mientras es vigilada por personal de seguridad día y noche.
Este huerto produce alimentos para los funcionarios de primer nivel solamente. Por ejemplo, Sanitorium Beidaihe, es una especie de "paraíso terrenal" junto al mar, exclusivo para los altos cargos retirados del partido, que utiliza solamente una especialidad de arroz que es orgánico y libre de transgénicos.
En cuanto al resto de la población, pueden adquirir un pequeño superávit restante de ese tipo de grano, a 15 veces más de su precio de coste, que el arroz normal. Pero, cada día, el gobierno sigue aprobando los OMG y los productos químicos nocivos para el consumo general.
La incoherencia total, se refleja en un cartel colocado en uno de los comedores para los empleados de Monsanto, que dice: “Para eliminar, en la medida de lo posible, la soja transgénica y el maíz modificado de todos los productos alimenticios servidos en nuestro restaurante, hemos dado los pasos necesarios para asegurarnos que usted, el cliente, consumidor final,  puede estar seguro de la comida que servimos”.
Queda evidente que a los ciudadanos no se les permite la misma elección a la hora de alimentarse de forma segura.
Sólo quienes pueden pagar el precio de los alimentos ecológicos o pueden disponer de su propia huerta, sabrán realmente de qué se están alimentando.
Semillas Solares.

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