24 de julio de 2013

LUIS FRUTOS. LA NUEVA MUTACIÓN HUMANA. RESONANCIA SCHUMANN.


Hasta el año 1999 la frecuencia natural de la Tierra (conocida como frecuencia Schumann) estaba estabilizada en unos 8 hercios (Hz). A partir del año 2000 esta frecuencia se modificó en fluctuaciones que van desde los 11 hasta los 23 Hz. En el planeta Tierra estamos recibiendo no solamente estas nuevas frecuencias sino también nuevas partículas provenientes del Sol. Todo ello da lugar a efectos perceptibles en las personas, sobre todo alteraciones emocionales.
Hemos venido desarrollando la espiritualidad como especie desde hace 100.000 años, cuando el Homo Sapiens tuvo el control del fuego y con ello la supremacía sobre las demás especies del planeta. Desde entonces su visión fue cambiando de forma natural, dando saltos cuánticos en cada etapa, transformando su naturaleza, sus cuerpos, expandiendo sus conocimientos, sus sentidos y su consciencia.
Esto le generaba nuevas habilidades, que podía aplicar para reformar métodos de caza, de construcción, de elaboración de herramientas o de vestimenta. Cada vez que llegaba una nueva información a través de alguno de sus sentidos, esta se integraba a su ‘archivo’, al que podía recurrir cada vez que quisiera o que se lo exigieran las circunstancias.
A este proceso se le llama evolución: una sostenida, paciente y casi imperceptible transformación permanente.
Sin embargo, existen etapas de evolución acelerada a las cuales se las llama mutaciones.
La especie humana, como todas las demás especies actuales del planeta, hemos pasado por muchas de estas mutaciones. Una de ellas ocurrió hace unos 50.000 años durante la era del hombre de Neandertal, la cual tuvo que ver con su forma de comunicarse: su laringe mutó, pasando de solo emitir sonidos guturales a sonidos más estructurados, lo que le permitió poderse identificar mejor y con ello encontrar un nuevo orden que heredarían los siguientes seres humanos.
Hoy vivimos también una mutación que tiene que ver con la comunicación a otra escala, una escala que nos vincula con el hiper-espacio. El lenguaje que tenemos que aprender viene en una frecuencia que nunca antes había llegado, y que ahora podemos registrar, documentar y percibir literalmente. A esto lo llamamos ‘hiper-comunicación’.
En el año 2001 nos encargaron reparar los radares del Ejército mexicano en la ciudad de Puebla, y la verdad es que no tuvimos nada que repararles, porque nos dimos cuenta de que lo que pasaba era que la Tierra había cambiado su frecuencia de 8 Hz a fluctuaciones que iban de 12 a 19 Hz, y que en la actualidad llegan a subir hasta los 23 Hz.
Todo esto nos llevó a pensar que seguramente otras cosas estarían cambiando: si el cambio era la frecuencia de la Tierra, lo primero que debió de cambiar era su campo magnético. Por ello, la primera dirección que se tomó fue estudiar la atmósfera del planeta. Y se descubrieron grandes e históricas transformaciones.
Se descubrió que una pequeña partícula, cuya masa es unas doscientas veces mayor que la del electrón, estaba siendo registrada a nivel del mar en cantidades de diez mil partículas por metro cuadrado y por minuto.
Esta partícula es el muon, la cual se forma en el momento en que los rayos del Sol chocan con la atmósfera de la Tierra. Se sabe que su principal característica que es la de reemplazar un electrón en un átomo. Desde el año 1936 se ha estudiado el muon, por lo que hay mucha información acerca de él. 
Estos dos fenómenos (el cambio de frecuencia de la Tierra y la ‘lluvia’ de muones) nos están haciendo pasar, a todos nosotros, por una nueva etapa de mutación.
Esta transformación física está ocurriendo en todos nuestros cuerpos, y es por ello que podemos pasar de un estado de tranquilidad a estados de alteración nerviosa, sin una aparente causa evidente, de un momento a otro.
Semillas Solares

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